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Un día de clases en el extranjero

  • saraiescandon
  • 3 may 2022
  • 5 Min. de lectura

En este artículo hablaré sobre un típico día de clases en Taipéi. La rutina que tenía, las clases que tomé, algunas situaciones que me sucedieron al ser una estudiante extranjera, además comentaré algunos de los diferentes impactos culturales por los que pasé y sobre todo los buenos momentos que pasé con mis nuevos amigos. Al principio estaba nerviosa por cómo serían las clases y sobre todo en un idioma diferente al español. También me preocupaban los trabajos en equipo, el no poderme entender con mis nuevos compañeros, pero supuse que todo era parte de la experiencia y que en algún lugar de aquel estrés habría una lección que debía aprender.


Como vivía en la universidad compartía cuarto con otras tres chicas, todas teníamos horarios diferentes, así que nunca tuvimos problema en compartir el baño. Originalmente, los cuartos son para seis personas, pero el primer semestre solo fuimos cuatro. Es un cuarto grande equipado con literas, en la parte superior se encuentra la cama y en la parte inferior está un closet y un escritorio. Además, en la entrada teníamos un armario para guardar las maletas y otras pertenencias. Mis días en la maestría empezaban a las 7:00 a.m., me despertaba para arreglarme y estar lista para mi clase de las 8 a.m. A las 7:40 bajaba a la cafetería para desayunar. Este fue uno de mis primeros impactos culturales, los desayunos taiwaneses.


Empezamos por la cafetería, la cual no es solo una barra de comidas; es una sala enorme, más como las cafeterías de los centros comerciales, donde tienes las mesas al centro y los locales alrededor. Así se tienen varias opciones, sin embargo, en la mañana únicamente había dos locales abiertos. Ahora pasemos a la comida, en los próximos blogs hablaré más a detalle de esta situación. Los desayunos Taiwaneses van desde arroz en diferentes presentaciones, tofu, hasta hamburguesas, mi favorito era el sándwich de papá y queso. También tienen un omelette (dan-bing 蛋餅) que se hace con cebolla, huevo, jamón y queso. Todos estos desayunos los podrías acompañar de té con leche (milk tea) o de té negro, algunos bebían café, pero muy pocos.


Así, antes de las 8 estaba lista, aunque algunas veces es me tomaba unos minutos más para terminar mi desayuno. Una de mis clases matutinas era métodos asiáticos de construcción en madera. Y la verdad que si alguien sabe cómo trabajar la madera son los países asiáticos. La mayoría de los procedimientos eran japoneses, estudiamos desde la forma en la que se ensamblan las piezas hasta cómo conservar la madera. Esta clase duraba unas 3- 3.5 dependiendo de la lectura. Al tomar las clases en la universidad o cuando estaba en Barcelona, siempre se producía un diálogo entre el alumno y el profesor. Se discutían las ideas, pero en Taiwán fue diferente, a mis compañeros no les gustaba hablar u opinar, solo se quedaban callados cuando el profesor preguntaba o en definitiva otros se dormían en clase. Lo cual para mí es una falta de respeto, pero bueno, tal vez estaban muy cansados, esa parte nunca la entendí.


Mi siguiente clase era a la 1:15 p.m. por lo que entre clase y clase tenía que comer, primero iba al laboratorio donde estaba mi oficina para revisar los pendientes que tuviera o las tareas si tenía. Por una media hora organizaba mi día, después me dirigía a la cafetería con compañeros de otros laboratorios, la mayoría eran extranjeros, solo algunos taiwaneses que sabían hablar inglés se nos unían. Y no es que los taiwaneses no quieran hablar con extranjeros, pero ellos son muy penosos, así que prefieren no hablar y nada más sonreír. Aunque si les preguntas algo, harán su mayor esfuerzo por ayudarte.


La foto fue tomada por Emma (Thủy) mi amiga de Vietnam

A las 12 p.m. todos abandonan lo que estén haciendo y se dirigen a comer y esto no es exclusivamente para las escuelas, también se aplica a las oficinas de 12 a 1 p.m., es la hora del almuerzo en Taiwán.

Para mí al principio era demasiado temprano, pero poco a poco me acostumbré. Lo bueno de la universidad es que teníamos tres cafeterías con diferentes locales, pero siempre tenían arroz y fideos en todas sus presentaciones, la comida fue un de las cosas a la que me costó acostumbrarme, sin sal, hervido o muy frito. Fue duro el adaptarme, ahora ya le tomé gusto a la comida taiwanesa. Igualmente, tenía compañeros de diferentes partes de Asia, por lo que mi gusto por diferentes cocinas internacionales creció, encabezado por la comida vietnamita y la tailandesa.


Las clases después de la hora de la comida eran las que más me costaban, porque estaba cansada y soñolienta. Unos días me tocaba historia de la arquitectura y otros días me tocaba diseño arquitectónico, esta última clase fue la más pesada, ya que tenía que participar en concursos de diseño y enviar lo que produjera durante la clase. Por esta clase no dormí en varios días. En general fue interesante ver como diferentes compañeros con distintas carreras abordaban el tema de diseño. Al final del ejercicio teníamos una gran variedad de proyectos. Mis clases terminaban a las 6 de la tarde. A esa hora cenaba, mientras trabaja en el laboratorio, al terminar preparaba mi uniforme para mi clase de Aikido, lunes y jueves me dirigía al gimnasio dela escuela para aprender Aikido. Las primeras clases fueren difíciles, pero sin duda este deporte me cambio muchísimo. Además, mi grupo de amigos creció porque el grupo tenía estudiantes de todas las facultades.


Hacía deporte de 7 p.m. a 9:30 p.m. cuando finalizaba la clase pasaba por mi cuarto para bañarme y me regresaba al laboratorio para seguir trabajando-estudiando. Nunca tuve hora de salida del “Lab” (como llamaba al laboratorio) variaba de las 11 p.m. hasta las 5-6 am. Si no terminaba y trabajaba hasta el otro día siempre me salía a las 6 a.m. para bañarme y desayunar. Sobre todo, cuando teníamos entregas o concursos de diseño, solía dormir 3-4 horas o no dormir. No creo que pudiera hacer eso ahora, después de graduarme siempre trato de dormir a menos 6 horas, porque mi cuerpo ya no aguanta. Las noches en vela nunca las pase sola, siempre trabajaba con mis amigos de Tailandia, Vietnam e Indonesia, de quienes aprendí muchas cosas.


Así eran mis días normales como estudiante de arquitectura en Taiwán. Fueron dos años felices, pero pesados, con mucho trabajo, porque después de mi primer semestre tome un empleo de medio tiempo. Y aun en los fines de semana tenía que ir al “Lab” para terminar mis tareas, o escribiendo mi tesis. Tenía que trabajar el doble porque mis compañeros se esforzaban mucho y yo no podía quedarme atrás. A pesar de todo, de las pocas horas de sueño realmente disfrute esta experiencia diferente, aprendiendo como es la educación en Taiwán y sobre todo poder entender diferentes puntos de vista de otros estudiantes de arquitectura.

 
 
 

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