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Seúl segunda parte

  • saraiescandon
  • 19 mar 2023
  • 4 Min. de lectura

En esta segunda parte quiero compartir un poco sobre cómo me sentí en algunos momentos estando en la ciudad, además de contarles sobre cómo fue moverme y transportarme de un lado a otro, como recorrí la ciudad. Seúl me pareció la combinación perfecta entre Taiwán y Japón, una ciudad enorme, bien conectada con su transporte público, con muchas cosas que ofrecer, tal vez no tan multicultural como lo es Taipéi, pero bastante emocionante, al igual que Tokio. Sin duda me quedaron ganas de volver a visitarla y la recomendaría mucho si es que se encuentran en Asia, en definitiva, es un lugar imperdible y en el cual vale la pena quedarse por algunos días.


Empecemos por los medios de transporte. El transporte público o la bicicleta y por supuesto caminar. El metro y el autobús fueron los principales medios de transporte porque el frío y la nieve no dejaron que utilizara la bicicleta. Independientemente del frío, había muchas personas usando bicicleta, aunque la bicicleta no es tan constante como pensé que sería en comparación a Taipéi. A diferencia de Taipéi, los sitios están bastante retirados, por lo que el uso del metro es inevitable. Aunque disfruto mucho de tomar el transporte público y recorrer la ciudad, tengo que reconocer que lo mejor fue caminar por los diferentes barrios. Seúl tiene una gran riqueza en arquitectura tradicional, está diseñada con callejones que terminan en templos, casas antiguas, parques o ríos recién restaurados. Vale mucho la pena permitirse perderse y caminar la ciudad.


Para moverse en transporte público recomiendo que compren desde el aeropuerto el T-Money que es una tarjeta que puedes recargar en las tiendas de conveniencia o en las estaciones del metro. Otro punto bueno para la tarjeta de transporte público es que dentro de los primeros treinta minutos después de que tomas el metro, puedes transferir al autobús sin cargos adicionales, lo cual te ahorra dinero. También con la misma tarjeta puedes comprar cosas en diferentes tiendas. El funcionamiento de la tarjeta es similar a la que uso en Taiwán. Para llegar a Seúl desde el aeropuerto se debe de tomar el tren, o el autobús, de otra forma el taxi sale demasiado caro. Así que llegando al aeropuerto decidimos tomar el metro y aunque el metro es enorme, utilizarlo fue bastante fácil. Todas las estaciones están señaladas en coreano, chino e inglés. En el caso del autobús los horarios son menos constantes, tal vez de dos a cinco minutos más tarde o se adelantaba, sugiero tener cuidado cuando se tomen los autobuses, pero en general todo el transporte público siempre estuvo a tiempo igualmente en las paradas de los autobuses te avisan cuanto tiempo se tardará en llegar el próximo.


La lista de los lugares que recorrí contiene museos, algunos vecindarios donde la arquitectura tradicional coreana prevalece, palacios y antiguos templos, además conociéndome no faltaron los espacios públicos como parques y mercados. Por buena o por mala que fuera la situación de estar en los días más fríos de Corea, hubo unas horas mágicas mientras caía la nieve. Con este clima toco ver uno de los palacios en un escenario completamente diferente al que hubiera imaginado, bastante mágico, místico y especial. También hubo una experiencia no tan grata. Talvez el resultado como parte de la gentrificación y tal vez la falta de políticas públicas que no solamente afectan a Corea, sino también al resto del mundo. Esto es una constante cuanto empezamos hablar acerca del turismo. En esta parte en especial quiero referirme a la villa Bukchon Hanok, la cual es hogar de muchos residentes locales. Sin embargo, debido a la gran cantidad turistas no pueden llevar una vida tranquila como la que buscamos todos. Esta situación es porque las calles suelen estar llenas, el ruido aumenta y muchas veces los niños del lugar no pueden salir a jugar o personas de la tercera edad no pueden entrar con facilidad a sus casas.





Fue una pena no haber investigado antes sobre la situación de estos puntos, claro como turista lo ignoras, recuerdo que únicamente camine una calle y decidimos irnos por respeto a los residentes, por más bonita que fuera el sitio no quería ser parte de algo que incomoda a terceros. Así que si alguna vez visitan esta parte les pediría ser muy discretos, silenciosos y sobre todo respetar el lugar, ya que es el hogar de muchas personas. Claro, no todas las partes fueron así, pero creo que tengo un tiempo reflexionando sobre cómo se sienten los habitantes de una ciudad turística. Esta sensación empezó cuando vivía en Barcelona. Como turistas deberíamos desarrollar un respeto y empatía por los habitantes de los sitios que visitamos. Para finalizar este pequeño viaje por Seúl de dos artículos quiero recalcar lo hermosa que es la ciudad y lo completa que es en cuanto a cosas que hacer, partes a donde ir, movilidad y arquitectura. Una de las ciudades que si o si se deben de visitar al menos una vez en la vida.

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