Córdoba
- saraiescandon
- 4 abr 2022
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La ciudad de los 30 caballeros, tuve la fortuna de nacer Cordobesa y pasar parte de mi infancia y mi adolescencia en esta hermosa ciudad. En Córdoba me cambie de casa un par de veces, lo cual me ayudo a entender la urbe desde diferentes vecindarios. En esta ciudad fue mi primer contacto con la vivienda social, un vecindario de lo más bonito y muy bien pensado, claro que eran otros tiempos cuando se construyó. El lugar no tenía parques, solo algunas canchas y pequeños espacios que intentaban ser áreas verdes. Pero recuerdo mucho algunas de sus calles llenas de árboles y los callejones que para mí eran toda una aventura, como diferentes caminos para llegar a casa. Además, que la comida callejera era muy rica en la zona.
El único problema de vivir en esta zona habitacional llamada El Bosque o El Dorado era el ruido del tren que cruzaba por la colonia, aunque al final te acostumbras. Otro de los problemas era el tiempo que perdías por tener que esperar a que este tren pasara: no había forma de pasar por otro camino. Recuerdo que algunas veces me tocó cruzarlo, subir unas escaleritas y pasar al otro lado. Este problema no afecta exclusivamente a estas colonias sino a todas las que se encuentran del otro lado de la vía, la zona de la Estación, en fin, que si eres Cordobés seguro estás acostumbrado a los ruidos del tren, porque se escuchan en casi toda la ciudad.
Córdoba fue mi casa por once años, después de eso solo he regresado de visita o por temporadas. Cursé la primaria en la escuela Carlos A. Carrillo, en ese entonces era una escuela solo para niñas, fui a esa escuela porque era la más cercana al trabajo de mi mamá. Lo mejor de esos años era que podía ir al parque de San José, este parque es uno de mis lugares favoritos de la ciudad. Recuerdo que poco después de que llegué lo empezaron a restaurar, una de las tantas restauraciones por las que ha pasado. Aunque la última renovación, donde lo bardearon y sacaron los puestos ambulantes, fue la que menos me gustó, igual sigue funcionando, pero me encantaba comer hot dogs y jugar ajedrez en las mesitas de concreto. Años después en mi adolescencia seguí yendo a ese parque y creo que la mayoría de los que estudiamos en la E.S.B.A.O. o en “la uno” solíamos pasar por ahí. Incluso un tiempo tomé clases de violín en el escenario que habían construido, todos los viernes por la tarde me la pasaba ahí.
No solo este sitio me gustaba, de niña solíamos ir a Paso Coyol, me encantaba correr por todo el lugar y juro que una vez pude bajar corriendo la parte empinada. No sé si ahora la vea tan grande como en aquel entonces, tiene muchos años que no visito el sitio. También recuerdo haber visitado algunas veces La Alameda, no iba tan seguido porque queda lejos de mi casa, pero me gustaba ir a jugar mini golf. En una de esas visitas fue cuando conocí la facultad de arquitectura, el campus Córdoba, me emocionó que esa pudiera ser mi escuela.
Los espacios cordobeses son bien bonitos o así los recuerdo. El primer cuadro de la ciudad está lleno de arcos y colores llamativos. En el parque se suelen hacer eventos y todos los jueves hay danzón (espero aún se siga haciendo). Los jueves después de la UV (del centro de idiomas) pasaba por mi agua de arroz de la Michoacana y me quedaba un rato en el danzón viendo a los señores bailar y a escuchar la música de la orquesta. De lunes a jueves caminaba por el centro, ya fuera al salir de la escuela, ir a la UV, o a la escuela de música. El centro de Córdoba ha cambiado a lo largo de los años. Recién llegamos el centro estaba lleno de vendedores ambulantes, con el tiempo se movieron a la Garza. Antes de la reubicación hicieron el cableado subterráneo, pintaron las fachadas, añadieron botes de basura en las calles y en general el aspecto de la ciudad cambio. Las banquetas del centro siempre han sido amplias a diferencia de Xalapa, donde apenas si hay banqueta o de plano no hay y justo esto para mí hacia la diferencia de comodidad entre ir al centro en Córdoba o ir al centro en Xalapa.

Otra de las cosas que siempre llevaré conmigo son los diferentes sabores de Córdoba. En especial el sabor del café, pero en general, en todo Veracruz se come muy bien, la ventaja es que al ser un estado tan largo se tienen una variedad tremenda de norte a sur. Para mí el mejor café que he probado es el de la zona montañosa de Veracruz. Mi familia me acostumbro a siempre tener una olla de café listo para tomar. No sé si esta costumbre sea cordobesa, pero mi abuela siempre tiene la olla de café lista. Ya después que se empezó a vender el café soluble, las cosas empezaron a cambiar, en mi casa aún se tiene la costumbre del café negro. Inlcuso, cuando iba en la E.S.B.A.O algunas veces iba a Calufe y amaba el helado de café, ¡lo máximo! Otras de las comidas que me siguen encantando y que cada que puedo voy son las tortas del borrego con su respectivo café, los waffles de telas del centro, los cuernitos de la michoacana, las tortitas de $1.20. Entre otros lugares donde por rico y barato siempre terminaba comiendo después de la escuela.
De Córdoba extraño los desfiles del 21 de mayo, cuando todos esperaban la aparición de la ESBAO y del ICATEC, solo para ver las bandas. Extraño mi infancia en boomis y comer pambazos del Super o de San José. Extraño salir de la secundaria y caminar con mis amigos, extraño la emoción de adolescente cuando anunciaban una tardeada. Extraño sentarme en las escaleras del palacio, en las campanas o en la casa quemada para esperar a mis amigos. Extraño las ofrendas del día de muertos, extraño el café, extraño los jueves de danzón, extraño los días con neblina y lo que más extraño de esta ciudad es el amor de mis amigos y familia.
El artículo anterior no hubiera sido posible sin la colaboración de Jesús Manuel Lazo Cano que además de ser un excelente fotógrafo y todólogo de la comunicación es un amigo increíble. Gracias por las fotografías y la edición.



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