La bonita Xalapa
- saraiescandon
- 2 dic 2021
- 5 Min. de lectura

Xalapa está escondida entre montañas, creció al lado del bosque de niebla entre colinas y rocosos terrenos. La ciudad se desarrolló hasta formar una zona metropolitana hogar de aproximadamente 780,000 habitantes. Es la capital de Veracruz, conocida como la “Ciudad de las flores” o la “Atenas veracruzana”, para mí es mi segundo hogar. Esta versión de Xalapa no es histórica o llena de datos importantes es más desde el punto de vista de una estudiante que ignoraba lo que encontraría. Llegué a Xalapa en 2010 como muchas otras personas para empezar la universidad en la UV. Era una adolescente bastante aplicada a la escuela y que nunca había vivido sola.
ELas primeras lecciones que aprendí de Xalapa es que puedes tener las cuatro estaciones en un mismo día, que siempre hay que cargar con una sombrilla y que la pizza acompañada con yogur no es tan mala idea. Después de mis primeras dos semanas tuve que hablarle a mi mamá para pedirle dinero y comprar zapatos, ya que los que tenía estaban secándose, no había día que no me mojara y es que aquí llueve con ganas. Llueve como si fuera narrado por un escritor dramático, lluvias torrenciales que pueden acabar con la vida del protagonista en cualquier momento. Empezando en mayo y diría que hasta octubre las lluvias son fuertes, después sigue lloviendo, pero no tan fuerte. Una vez instalada empecé a explorar los alrededores, siempre viví en la calle Venustiano Carranza así que todo me quedaba caminando. Pero Xalapa no tiene una traza regular es más como un plato roto, las calles cambian de nombre cada esquina y las direcciones se dan con referencias. Por ejemplo, si tomas un taxi no dices calle X número X, normalmente dices calle X a la altura de “referencia” o por “referencia”. Así que aprenderse el nombre de las calles es importante.
Inicialmente, los lugares que me impactaron más fueron el parque de Los Berros, Los Tecajetes y la plaza Xalitic. Los berros lo descubrí porque me perdí; estaba caminando en los lagos, salí por el gimnasio, tomé la calle empedrada y salí a la calle Hidalgo, esa fue la primera vez que vi este parque antiguo. Su forma circular convierte al sitio en un pequeño escape de la ciudad. Sus árboles enormes me hacían sentir chiquitita, las hojas de estrella se veían por donde sea, era pura tranquilidad caminar por ahí. Los Tecajetes fue similar, pero las primeras veces que lo visité me parecía que tenía caminos infinitos me encantó el desnivel. Cuando llegas al laguito estas entre puros árboles enormes como si estuvieras en la boca de la naturaleza, incluso puedes sentir el clima más fresco, aquí fue la primera vez que vi peces grandes de colores. Por otro lado, la plaza Xalitic es más contrastante, es una ventana a la ciudad. Una plaza enorme con muchas escaleras donde puedes observar colinas llenas de casas y pequeños edificios de tres o cuatro niveles. Cerca de la plaza hay una nevería muy buena, siempre pasaba por un helado de queso y me iba a sentar a las escaleras o debajo del puente.
Con el paso del tiempo me fui adecuando a la ciudad me hice amiga de la señora de la verdulería, del señor de la tiendita de la esquina, empecé a comprar en el mercado que se ponía los jueves por la iglesia del dique. Me sentí más familiarizada con la ciudad, descubrí la facilidad con la que podías ir algún concierto de la orquesta o de diferentes bandas, obras de teatro o en general eventos dedicados a las artes. Recuerdo que los miércoles hacían el jam en Jazz UV me encantaba ver el entusiasmo de todos los estudiantes ahí improvisando, conocí a muchos amigos en esos lugares.
El otoño llegó unos meses después, el frío no se quedó atrás y los paisajes de la ciudad se volvieron más bonitos todos llenos de neblina, lluvia casi todo el día y algunas veces el sol se asomaba. En esos años sentía que el otoño y el invierno duraban para siempre. En vacaciones de invierno y verano Xalapa queda bastante desolada, ya que la mayoría de los estudiantes regresa a sus ciudades natales. Normalmente, la universidad ofrecía cursos de invierno y verano para adelantar algunas clases, yo siempre tomaba las clases de historia o de costos porque nunca me gustaron. Aunque las entendía y sacaba buenas calificaciones siempre preferí el diseño o las clases de urbanismo. Durante las vacaciones si me quedaba en la ciudad no me gustaba cocinar y como la comida era barata prefería ir a varias fondas para probar los sabores y también ver los precios. Como estudiante siempre es bueno ahorrar dinero, nunca sabes cuándo se presentará una fiesta improvisada, una escapada al puerto o a Chachalacas.
El tema de las fiestas en Xalapa es bien importante si eres estudiante, la ciudad en ese aspecto contaba con bares de todo tipo y fiestas casi todos los días de la semana, por lo que el autocontrol del estudiante es clave. La verdad en los últimos años salía más, pero nunca falté a mi clase de las 8 am, como lo dije al principio era bastante aplicada y aún ahora después de graduarme del máster debo de reconocer que siempre obtuve buenas calificaciones. De Xalapa también aprendí la responsabilidad y no perderme en las fiestas. Pero no solo eran las fiestas o el buen ambiente para celebrar con tus amigos. Xalapa tiene cafeterías bien bonitas para estudiar o la USBI para escribir tu tesis. Esos lugares tan bonitos también los extraño, creo la mitad de la tesis la escribimos en flor 14, el café cerca de la facultad de artes, sé que ahora es más grande, pero no sé si se sigue llamando igual. Xalapa para mí era un mar de cosas que hacer, con sus museos, la naturaleza que la rodea y sus múltiples eventos.
Cada año Xalapa le abre sus puertas a cientos de estudiantes llenos de sueños o a personas que se mudan por algún trabajo y durante esos años que viví ahí, la ciudad siempre se sintió como algo mío, siempre me sentí bienvenida. Comía los churros de los berros, podía subir la calle Bravo sin cansarme, me aprendí algunas rutas de bicicleta en la Pitaya y en Rancho Viejo, cuando podía iba a Rinconada por garnachas y muchas otras aventuras que imagino muchos pasamos por ellas. A pesar de que la mayoría de las veces el centro estaba cerrado por las manifestaciones, el tráfico era infinito y te mantenía atrapado por horas, algunas calles se inundaban después del paso de un huracán. A pesar de muchas cosas durante mis años en la universidad conocí a personas increíbles que aún están en mi vida, pero siento que la ciudad ayudo mucho, con sus diversos escenarios, con lo amistosa que es con los estudiantes. Así recuerdo Xalapa la ciudad que me adoptó, donde hice amigos incomparables, donde confirmé mi amor por las artes y donde me convertí en arquitecta.



Acabo de leer "La bonita Xalapa" y en verdad que a pesar de haber conocido gran parte de allí por ser estudiante, percibir desde la perspectiva de Saraí, cambia muchas cosas! Sin duda es como sentir que te acompañaba a cada paso, en cada senda ... ❤